Resistencia a los antibioticos

Uno de los peligros que acechan a la salud pública en nuestros días es la resistencia a los antibióticos. Algunas bacterias han desarrollado esta resistencia y las personas que son infectadas por ellas tienen pocas opciones para su tratamiento.

Las bacterias son microorganismos que están en nuestro cuerpo y fuera de él. La mayoría son inofensivas e necesarios para nuestra salud. Pero hay otras bacterias que provocan infecciones y que desde el siglo pasado se han tratado en su mayoría con los antibióticos.

El problema ha ido apareciendo con los años al desarrollar las bacterias mecanismos de resistencia a esos antibióticos buscando sobrevivir y no hay tratamiento eficaz para curar la infección que producen.

La OMS ha publicado un listado de bacterias para las que se necesitan nuevos antibióticos de forma urgente porque son resistentes a los que existen.

¿Qué son las bacterias?

Las bacterias están en el mundo desde hace 3,5 bimillones de años. Son pequeños seres vivos que estaban antes que el ser humano y han sobrevivido por la gran capacidad que tienen para adaptarse a los cambios.

Son microorganismo unicelulares procariotas que no poseen núcleo que tienen diferentes formas como son cocos, bacilos, espirilos y vibrios y con un tamaño microscópico (de 0,2 a 4 micrómetros de longitud).

La mayoría son beneficiosas y necesarias para que nuestro organismo funcione correctamente. Forman parte de nuestra microbiota y nos ayudan a tener un buen funcionamiento de nuestro organismo si les damos un entorno adecuado en él. Pero hay circunstancias en las que el equilibrio de la microbiota se altera, bien por enfermedades, por una mala alimentación, por estrés o por hábito insanos y alguna de estas bacterias`puede crecer más de lo que es normal y causar una enfermedad. Incluso en la piel aprovechar una herida para introducirse en ella las bacterias que están de forma natural y provocar una infección. También hay un grupo de bacterias que no están en nuestro organismo y que son patógenas y nos contagiamos con ellas desde el exterior, desde la calle, el campo, a través de objetos o de persona a persona.

Hasta que Alexander Fleming en 1928 descubrió la penicilina, que fue el primer antibiótico, las personas morían por estas infecciones. A partir del descubrimiento de la penicilina se han descubierto muchos antibióticos para vencer a los distintos tipos de bacterias patógenas. Y de esta manera, se han estado salvando muchas vidas.

Pero las bacterias se adaptan para sobrevivir y siguen creciendo.

Desde principios de este siglo ha saltado la alarma, las bacterias han estado aprendiendo a hacerse resistentes a los antibióticos más eficaces y el número de bacterias resistentes crece cada vez más. Y enfermedades que creíamos que ya estaban controladas por el uso de antibióticos no lo están cuando son causadas por bacterias resistentes.

Resistencia a los antibioticos

¿Qué son los antibióticos?

Son medicamentos que matan a las bacterias, bien inhibiendo su crecimiento y multiplicación o matándolas directamente.

Se usan para tratar y combatir las infecciones bacterianas que si no se tratasen la persona tendría muchas posibilidades de morir.

Cada tipo de antibiótico tiene su mecanismos de acción y son eficaces para unas especies determinadas de bacterias. No todos los antibióticos son eficaces para todas las bacterias. Por este motivo, tiene que ser el médico el que diagnostique el tipo de infección que se tiene y el antibiótico espécifico para esa infección.

Son utilizados en personas, en animales y en cultivos.

Los antibióticos solo son eficaces para combartir infecciones producidas por bacterias.

Resistencia a los antibioticos

¿Cómo consiguen la resistencia a los antibióticos?

Las bacterias mutan como respuesta al uso de los antibióticos para ir adaptándose al medio y sobrevivir. Con esas mutaciones, que son cambios en las bases de secuencia de cromosoma, consiguen que los antibióticos no consigan su misión.

Son las bacterias las que se hacen resistentes y no las personas o los animales.

La aparición de resistencia en una bacteria se produce por las mutaciones que después la transmitirá a través de su material genético extracromosómico a otras bacterias. Se transfieren el información genética de esa resistencia con el gen que ha mutado. Esta información la transfieren tanto a bacterias de la misma especie como a bacterias de otras especies. Es una transmisión de generación en generación. Las bacterias tienen una forma de comunicación y una vida social.

Un ejemplo son las bacterias que con estos cambios encontraron la forma de producir enzimas, las betalactamasas, para inactivar los antibióticos. Estas enzimas las produce a partir de mutaciones de sustancias que ya tiene en su pared celular.

Esta mutación que las hace resistentes, se pueden producir en la bacteria que ya ha infectado a la persona o la persona se puede contagiar con bacterias que ya tienen esa mutación y que las hace resistentes.

Desde 1955, año en que se expuso la existencia de la resistencia a los antibióticos, se ha estado investigando nuevas formas de combatirla y durante un tiempo han funcionado pero al final las bacterias encuentran la forma de volver a hacerse resistentes.

Hasta la vancomicina, que era el antibiótico de elección para enfermedades infecciosas resistentes dejó de ser eficaz en 2022 con una bacteria que mutó y se descubrió que no podía ser destruida con este antibiótico.

Todas la bacterias están encontrando la forma de hacerse resistentes y esquivar la acción de los antibióticos, cada una lo hace de una manera. Y lo hacen rápidamente.

Cuando la bacteria ha conseguido esa resistencia, el antibiótico no la destruye y siguen multiplicándose en el cuerpo. Y las infecciones son extremadamente difíciles de tratar y curar.

Enfermedades que ya se creían controladas e incluso erradicadas han vuelto a aparecer. Es el caso de la tuberculosis que vuelve a ser una de las enfermedades con mayor mortalidad. Aparecen nuevas cepas y el tratamiento es cada vez más difícil.

El mayor problema se encuentra con las infecciones nosocomiales o infecciones hospitalarias. En los hospitales existen bacterias altamente resistentes.

Se investigan todos los mecanismos por los que las bacterias se hacen resistentes y se investigan nuevos antibióticos pero es un trabajo arduo que lleva tiempo. Desarrollar un nuevo antibiótico es un proceso que tarda años y una bacteria puede desarrollar resistencia en una hora.

A más antibióticos que se tomen, mayor resistencia

Cuando se toman antibióticos, las bacterias están en contacto con ellos y alguna bacteria o varias podrán encontrar esa forma de mutar dentro de un gen que las ayudará a sobrevivir ante el antibiótico.

Cada vez que se toman antibióticos sin necesidad se favorece ese contacto entre bacterias y antibiótico y las bacterias tienen más oportunidad de desarrollar la resistencia.

Si el antibiótico es necesario, en ese caso y en es momento es beneficioso y aunque existe el riesgo de desarrollar resistencia (por poner en contacto a la bacteria con el antibiotico) el beneficio de curar la infección es mayor.

Pero desde hace muchos años se están usando antibióticos en exceso de forma incorrecta porque no son necesarios y esto es un riesgo muy importante para la salud de la población. A mayor oportunidades de eses contacto mayor número y especies de bacterias resistentes habrá.

Si no se hace un uso racional de los antibióticos la resistencia a ellos aumentará y los casos de pacientes que fallecen por no curarles los antibióticos que existen también aumentarán.

Esta resistencia puede afectar a cualquier persona en cualquier momento de su vida. Es un riesgo real entre toda la población y hay que tomar medidas para que tanto en el presente como en las generaciones futuras se reduzca esta resistencia y podamos tener antibióticos que nos curen de infecciones.

Por este motivo, no se debe tomar antibiótico si no ha sido valorado y prescrito por un médico. Y es por ello, que los antibióticos requieren de una receta médica.

Hay que recordar que los antibióticos no curan infecciones causadas por virus por lo que es importante que el médico diagnostique si la infección es vírica o bacteriana. También hay algunas infecciones bacterianas que no necesitan antibióticos si no se complican. Estas infecciones pueden ser algunas sinusitis y algunas infecciones de oído.

Un mal uso de los antibióticos durante años ha sido tomarlos para infecciones víricas como los resfriados o la gripe o tomarlos cuando no eran necesarios.

Si no se toman medidas al respecto, los antibióticos dejarán de salvar vidas.

Esta resistencia a los antibióticos afecta a otro tipo de enfermedades no infecciosas. Hay procedimientos quirúrgicos que dependen del uso de antibióticos para prevenir una infección y sin ellos no se podrían realizar por el gran riesgo que conlleva realizarlos sin los antibióticos eficaces porque no actúen frente a estas bacterias resistentes.

También las personas con un sistema inmune débil o inmunosuprimidas, como son las personas trasplantadas y en tratamiento con quimioterapia, tienen mayor riesgo de contraer una infección y sin los antibióticos no podrían ser tratados.

Toser y protegerse con el antebrazo

¿Qué hay que hacer para evitar la resistencia a los antibióticos?

Debemos ser conscientes que de forma individual podemos contribuir a evitar esta resistencia a estos medicamentos.

Para ellos podemos tener en cuenta las siguientes acciones:

  • Tener hábitos saludables para mantener una buena salud y tener un sistema inmunitario sano.
  • Mantener una higiene adecuada, especialmente de las manos.
  • Protegerse cuando alguién con infección tose o estornuda a nuestro lado.
  • Cubrirse la nariz y la boca con el antebrazo si somos nosotros los que tosemos o estornudamos.
  • Poner las vacunas correspondientes siguiendo el calendario vacunacional, tanto a nosotros como a hijos/as y otros familiares.
  • Tomar antibióticos solo cuando hayan sido prescritos por el médico. Y por supuesto, no presionar la médico para que los recete.
  • Tomar el antibiótico como lo haya recetado el médico, de forma estricta. Y no suspender el tratamiento antes de su fin aunque ya se encuentre bien.
  • No compartir los antibióticos con otras personas.
  • Si han sobrado comprimidos, cápsulas o sobres del tratamiento no guardarlos para otra ocasión. Consulte a su farmacéutico para echarlos al punto SIGRE de forma segura.
  • Tampoco tomar antibióticos que le hayan recetado a otra persona.
  • Ante cualquier duda consultar al médico o al farmacéutico.

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