Qué pasa con el estrés
El estrés que se produce en nuestro organismo puede ser beneficioso y tiene una función concreta para activar las habilidades y capacidades que necesitamos para lograr nuestras metas. También, este estrés nos sirve para salvarnos en situaciones de peligro o amenaza ya que nos avisa de ellas. Es un estrés positivo. Y este estrés desaparece cuando la causa que lo ha provocado ya no está, volviendo el organismo a su equilibrio natural.
A lo largo de nuestra vida nos tocan vivir situaciones que nos superan y nos afectan alterando nuestra estabilidad física, mental y emocional y nos llevan a un estado de estrés que perjudica a nuestra salud. Es un estrés negativo porque la persona no tiene la suficiente capacidad de adaptación y se mantiene. Existen diferentes técnicas que nos pueden ayudar a controlar este estrés y que nuestro organismo vuelva a su equilibrio, pero en muchas ocasiones se necesita una ayuda más. En este caso, podemos recurrir a las plantas adaptógenas contra el estrés.
Cuando tenemos estrés se activan procesos endocrinos y neurológicos con la intención de que cuerpo se adapte a los cambios que está sufriendo y se equilibre de nuevo. Pero si ese estrés se mantiene en el tiempo y nuestro organismo responde sin adaptarse, los recursos que se ponen en marcha para esa adaptación y vuelta al equilibrio se agotan y el desequilibrio se mantiene. Este desequilibrio mantenido da lugar a problemas de salud.
Cómo actúa el estrés
Cuando sufrimos estrés, nuestro organismo pone en marcha procesos fisiológicos activando partes de nuestro cerebro como son la hipósis y el hipotálamo, y también el sistema nervioso autónomo. A la vez, se activan las glándulas suprarrenales que liberan hormonas produciendo glucocorticoides, como el cortisol, y adrenalina y noradrenalina. Con estas hormonas nuestro organismo se pone en estado de alerta para enfrentarse a esa situación y proceder a la acción.
Tras este esfuerzo para enfrentarse a la situación estresante, cuando ya desaparece esa situación, nuestro organismo debe volver a la normalidad, las hormonas deben tener unos niveles normales y se adapta volviendo a su equilibrio.
Pero si la causa que ha provocado ese estrés no desaparece y se mantiene en el tiempo o esa situación estresante se repite varias veces de forma frecuente, o incluso que los recursos de la persona no sean suficientes para adaptarse se produce un estrés crónico que lleva a fatiga física, mental y emocional, a falta de energía ya alteraciones orgánicas que dan lugar a enfermedades cardiovasculares, dermatológicas e inmunológicas.
Las causas del estrés son distintas para cada persona. Y también, la misma causa en la misma persona puede dar diferentes respuestas dependiendo de su estado físico, mental y emocional. Estas causas pueden ser físicas (hambre, sed, temperaturas extremas, exceso de ejercicio físico o deporte, enfermedades o condiciones extremas de supervivencia), psicológicas (traumas, emociones mal gestionadas, preocupaciones, frustración, etc.) o sociales (problemas familiares, laborales y económicos, exámenes, etc.).
Los síntomas del estrés agudo son: nerviosismo, ansiedad, irritabilidad, insomnio, falta de concentración, trastornos digestivos, palpitaciones, etc.
Los síntomas del estrés crónico son: apatía, depresión, falta de memoria, falta de concentración, trastornos digestivos, alteraciones en otros sistemas orgánicos como el dermatológico, ginecológico, inmunológico, etc.
Con frecuencia no se sabe gestionar este estrés, adaptarse y volver a la normalidad por lo que se necesita ayuda para lograrlo. Una gran ayuda son las plantas adaptógenas que ayudan al organismo a esa adaptación y evitan o disminuyen las consecuencias del estrés crónico.
¿Qué son las plantas adaptógenas?
Las plantas adaptógenas contienen sustancias naturales que tiene la propiedad de equilibrar las funciones del organismo. Ayudan a nuestro cuerpo a adaptarse a las situaciones estresantes y superar el estrés. Estas sustancias no son tóxicas y en general son seguras, pero tienen algunas interacciones con fármacos y algunos efectos secundarios que hay que conocer.
Se ha demostrado a través de estudios farmacológicos y clínicos que las sustancias adaptógenas mejoran la energía física y mental, protegen al cerebro y al sistema nervioso, mejoran la memoria, percepción y la concentración, mejoran la resistencia física y mental, compensan los efectos nocivos de la falta de sueño, alivian la ansiedad y la depresión leve y también actúan cómo antioxidantes protegiendo contra los radicales libres.
Las sustancias adaptógenas que tienen estas plantas son sustancias naturales que han demostrado mejorar de forma inespecífica los síntomas del estrés, ayudando al organismo a adaptarse a las situaciones estresantes que producen ese estrés y mejorando el rendimiento físico e intelectual. Se han realizado numerosos estudios que avalan sus aplicaciones en la prevención y recuperación del estrés a nivel físico, mental y emocional.
Cómo actúan las plantas adaptógenas
En los estudios realizados se ha concluido que las sustancias adaptógenas actúan estimulando la síntesis de dos sustancias que intervienen en muchos procesos fisiológicos. Una de ellas es el NPY (neuropéptido Y) y la otra es la proteína de choque térmico HSP72 (Heat Shock Protein). Se observó que a mayor producción de NPY y HSP72 mejoraba la capacidad de adaptación de las células del cerebro y el cerebro funcionaba mejor ante el estrés físico y mental. Esta mejora se produce a través de dos vías de actuación, una actuando sobre las hormonas del estrés y reduciendo la respuesta al estrés y otra actuando ante los radicales libres que se producen en el estrés con un efecto antioxidante y evitando así que las células sean dañadas. Con esta doble acción disminuyen los efectos perjudiciales del estrés y aumentan la capacidad de trabajo y esfuerzo sin que después se produzca una disminución de esta capacidad y ayudan a protegerse de los efectos nocivos del estrés.
Las plantas adaptógenas ayudan a adaptarse al estrés y a equilibrar la respuesta que tiene nuestro organismo ante cualquier tipo de estrés, ya sea físico, mental o emocional. Actúan promoviendo el equilibrio general de las funciones del organismo activando o relajando según se necesite para el mantenimiento de la homeostasis. Y promueven la resiliencia de nuestro cuerpo. No son estimulantes, son moduladoras.
En resumen, las plantas adaptógenas funcionan produciendo:
- Equilibrio general en las funciones vitales del organismo y mejora de la resistencia a las situaciones estresantes.
- Regulación de la respuesta del organismo al estrés con una activación del organismo cuando hay fatiga y una relajación cuando está estresado para llevar siempre al cuerpo al equilibrio.
- Una acción estable y prolongada. A diferencia de los estimulantes que pueden causar una fatiga después del pico de energía.
Cuáles son las plantas adaptógenas
Existen muchas plantas que contienen sustancias con acción adaptógena, pero no todas se han estudiado. Las que más se han estudiado son:
- Ginseng
- Rodiola rosea L
- Eleuterococo
- Ashwagandha o Witania
- Esquisandra (frutos y semillas)
Todas tienen una composición con muchas sustancias activas. Las principales con acción demostrada son saponinas, glucósidos esteroles y glucósidos del fenilpropanoide, fenilalcanoides y lignanos.

Ginseng (Panax ginseng C.A. Meyer y otras especies)
Se utiliza su raíz y sus extractos para diferentes problemas de salud por su efecto tónico y vigorizante como reconstituyente muscular y nervioso, para la falta de energía, el cansancio físico, la astenia, fatiga, debilidad, bajo rendimiento físico y mental, y en situaciones de estrés físico y mental.
No la deben consumir personas con trastornos cardiovasculares o en el sistema nervioso sin supervisión de un profesional de la salud experto. Y no la deben tomar embarazadas, en la lactancia ni niños por no haber estudios en estos casos.

Rhodiola (Rodiola rosea L)
Llamada también Raíz del Ártico, se ha utilizado como vigorizante y reforzante. La Agencia europea del Medicamento recoge su indicación para el alivio de los síntomas temporales del estrés, de la fatiga y para la sensación de debilidad. Diversos estudios han confirmado su actividad frente al estrés y la depresión leve.
Tampoco se ha comprobado la seguridad de su uso en embarazo, lactancia y niños.

Eleuterococo (Eleutherococcus senticosus Rupr. et Maxim.)
También llamado ginseng siberiano y del que se usa la raíz y sus extractos, se utiliza para mejorar la memoria y para aumentar la resistencia a las enfermedades. Es bueno para las situaciones extenuantes porque aumenta la resistencia. Se usa por los estudiantes para aumentar la concentración y la memoria.
Al igual que el ginseng no se debe tomar si se tienen trastornos cardiovasculares o en el sistema nervioso. Tampoco en embarazadas, en lactancia ni en niños. Y siempre bajo supervisión de un experto profesional de la salud.

Ashwagandha o witania (Withania somnifera (L.) Dunal)
Se le llama también ginseng indio y se usa su raíz para tratar la debilidad en general, el insomnio y los trastornos de la memoria. En una revisión reciente de varios estudios clínicos se comprobó su actividad para reducir el estrés.
No la deben consumir personas con trastornos cardiovasculares o en el sistema nervioso sin supervisión de un profesional de la salud experto. Y no la deben tomar embarazadas, en la lactancia ni niños por no haber estudios en estos casos.

Esquisandra (Schizandra chinensis (Turcz.) Baillon)
tiene acción desintoxicante de metales pesados y los preparados de las bayas aumentan la capacidad física e intelectual, y además previenen los efectos perjudiciales del estrés. Estas utilidades han sido comprobadas en estudios clínicos.
Hay que tener precaución en personas hipertensas, en personas con trastorno del comportamiento y también en mujeres embarazadas y en periodo de lactancia.
Otras plantas adaptógenas son:
- Albaca Santa o Tulsi: tiene efectos ansiolíticos y antiestrés.
- Maca: tiene efectos en el equilibrio hormonal
Y hay un hongo con propiedades adaptógenas que es el Cordyceps. Este hongo ayuda a combatir la fatiga y el agotamiento aumentando la resistencia física y la vitalidad.
¡Advertencia! Es muy importante tener conocimiento de cómo actúan estas plantas y cuál es la dosis correcta para que tengan su efecto farmacológico. Y también que el consumo esté aconsejado y supervisado por un profesional de la salud experto en estas plantas y en medicamentos para personalizar el tratamiento en cada caso. Aunque estas plantas son bastantes seguras, hay que tener en cuenta que ninguna planta medicinal es inocua y que tienen sustancias activas que pueden tener efectos secundarios, contraindicaciones e interacciones con fármacos.
